Caminando
por la acera hacia la prepa, tanto de ida como de vuelta, no pude evitar girar
mi cabeza y ver hacia tu casa.
Ha pasado un
año, es sorprendente como en ocasiones el tiempo no es suficiente.
Solo iba
pasando y eso no me evito las ganas de querer llegar a tu casa, poder verte,
saber algo de ti, no lo hice porque pensé que quizás no te encontraría o
simplemente no me recibirías de la mejor manera.
Pude haber
desviado mi camino y llegar solo a saludar, pero, ¿y si me cerrabas la puerta
en la cara? O ¿si no me recibías de la mejor manera? Si hubiese llegado y allí hubieses
estado, quizás solo me recibirías bien por cortesía.
Me es
imposible que en ocasiones mi mente se llene de recuerdos sobre ti. Extraño
verte, debo controlarme, me pregunto cuánto tiempo más tendrá que ser así.
Hoy es un día
cinco, cada mes, cuando veo en el calendario que es “cinco” no puedo evitar
recordarte, entonces miro hacia el pasado y comprendo que no importa cuánto
tiempo ya allá pasado, te sigo pensando.
Hay momentos
en los que me pregunto si aún miras este blog, puede ser que no, o si, como una
vez dijiste “el blog donde hablas de mi”.
A veces
tengo miedo de que algún día de la nada llegue a desviar mi camino y dirigirme
hacia tu casa; quizá tengo miedo porque podría llevarme alguna desagradable
sorpresa. Tengo una duda, si me llegara armar de valor y lo hiciera ¿Qué sucedería?
¿Me arrepentiría o estaría más que satisfecha al final con el resultado? Si no
lo intento no podre saberlo, pero, qué caso tiene.
Si pudiese
elegir que sentir, supongo sería fácil controlar esta situación, estos
sentimientos, estos recuerdos y estas lágrimas.
J'ai le mal de
toi…
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